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Avignon 89577

Composición: 100 % viscosa.

Fabricación: telar mecánico.

Grosor: 6,25 mm

Peso: 2150 g/m2.

Base: fina capa de latex.

No tiene pelo.

Remate: festón mecánico en los cuatro lados.

Al tener en el dorso una fina capa de látex ésta permite que no se deslice y aumente la seguridad.

Permite el paso por debajo de los puertas.

Admite suelo radiante.

Es ideal para lugares calurosos.

Está muy solicitada por los jovenes ya que es facil de mantener.

Diseño: dibujos abstractos.

Estilo: moderno.

Oferta

Desde 183,60  IVA incluido

Limpiar

Las alfombras son tejidos delicados. Y, como tal, no se pueden guardar de cualquier modo durante un tiempo indefinido.

Algunos factores como la temperatura, la humedad, la limpieza o el modo de plegado influyen a la hora de conservar las fibras.

De hecho, guardar incorrectamente una alfombra puede incluso influir en la aparición de hongos que deterioran los tejidos. Por ejemplo, en los armarios con poca ventilación o luz y mucha humedad son frecuentes los malos olores e incluso animales como las polillas. Te explicamos cómo se debe guardar una alfombra.Una alfombra situada bajo un ventanal orientado al sur recibirá buena parte de los rayos del sol, pero almacenará menos de ese calor que si el sol diese sobre madera u hormigón pulido. A veces conservar la alfombra en verano ayuda a refrescar la vivienda.

No obstante suele ser frecuente aprovechar el buen tiempo para limpiar nuestra alfombra y almacenarla hasta que vuelva el frío. A nuestra alfombra no le convienen temperaturas extremas. A nadie se le ocurre guardar la alfombra a la intemperie, pero sí puede ser frecuente almacenarla en trasteros muy fríos o áticos que acaban teniendo temperaturas muy elevadas en los meses de julio y agosto. Lo mismo se aplica a armarios empotrados con paredes que den al norte o al sur.

Lo ideal es almacenar una alfombra en un lugar fresco (pero no frío) donde la temperatura no ascienda demasiado. Para saber cuánto es demasiado, pensemos en si en verano hay una temperatura cómoda para estar allí donde dejemos la alfombra. Como la que tenemos en el interior de nuestra vivienda. Si nosotros estamos cómodos, la alfombra también.

De lo contrario estaremos fomentando no solo que se deterioren las fibras por calor o congelamiento. También contribuimos a favorecer el crecimiento de hongos que se coman poco a poco los tejidos. Encontrarnos después de meses con la sorpresa de que nuestra alfombra huele mal o tiene manchas no será agradable. Algo similar ocurre con la humedad, o con la concentración salina en el aire. Los hongos, así como algunos insectos, aprovechan la humedad y la falta de luz para reproducirse. Como en los armarios suele haber poca luz, lo suyo es elegir uno con poca o nula humedad y con ventilación ocasional.

En caso de no pasar por el tinte, el orden a seguir por nosotros es el que sigue:

  1. Aspirar, para eliminar la suciedad que se ha posado sobre la alfombra, como el polvo;
  2. Sacudir, para retirar toda aquella suciedad que ya se había calado al interior;
  3. Lavar (mejor a mano que a máquina), para eliminar la que se había incrustado en los tejidos;
  4. Secar, eliminando la humedad de la alfombra.
Superficie

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